Comedia

Written in

por

«Encontrar la personalidad en la pérdida de ella —la misma fe abona este sentido de destino.» 

Fernando Pessoa

Corría por en medio de la carretera, sin aire, ahogándose, como un perro loco tras un coche o una moto, pero él lo hacía espantado, desquiciado por el miedo provocado por su perseguidor…

*

«…Bueno, estar aquí ya es una recompensa, ¿no crees?… ¿No? Bueno, tú eres joven y tienes una conciencia de inmortalidad, no te das cuenta realmente de lo corta que es la vida… Los viejos como yo pensamos más en la Muerte, hemos presentido alguna vez su aliento en la nuca… Sí, créeme, la mayor suerte es seguir con vida, muchacho…»

*

Natalia subió fumando al edificio a medio construir hasta llegar a la terraza. Miró las estrellas, las escasas estrellas y sintió un frío mayor que el del ambiente exterior, un frío procedente de una angustia metafísica imposible de obviar; era como un vacío interno, absorbiendo la sangre y la respiración… 

Se lanzó desde el edificio sin ningún reparo o duda. No lo tenía planeado antes de subir. Sólo quería explorar.

Murió poco a poco, hasta que se apagó su consciencia bruscamente, creyendo que aquel sería el último invierno en la Tierra…

*

Lluvia en aquella tarde.

René y Saul esperaban en un coche, frente a un edificio ruinoso donde todos eran culpables de un delito u otro, penal o religioso.

—Pásame la botella.

—El último trago, Saul.

A los quince minutos salió Salvador bajo una capucha negra y una chaqueta verde encima. Un bulto sobresalía de su estómago. René arrancó y se dirigió hacia él a todo gas. Saul preparó la corta y bajó la ventanilla. Salvador se giró hacia ellos y los miró sin asombro; era como si contemplase el final de un sueño demasiado cruel para poder ser real.

Después de las tres detonaciones, nadie se asomó por las ventanas; solo un niño desde la calle vio como aquellos tipos le quitaban un paquete a Salvador y seguían la marcha a toda velocidad.

*

En el televisor se veía algo que no entendía del todo; era como si en la calle de enfrente comenzara una guerra…

El sonido llegaba retardado, pero la imagen estaba clara: en la nieve había un pequeño charco de sangre.

*

—¡Guarra, Puta!

Lo gritaba mientras salía por la puerta hacia el carril, llevando las bolsas de basura dirección los contenedores. 

Pensaba en aquella vieja como en la culpable de su enfermedad y su desdichado camino en la vida. La ira se le agolpaba en sus dientes y en la parte posterior de la cabeza, como una presión desmesurada a punto de estallar.

—¡Cerda! ¡Puerca! ¡Hija de puta!

No podía dominarse: o gritaba esos insultos o le estallaría el alma…

—¡Mierda con ojos! ¡Perra!

Una vecina escuchó aquello y se hizo la loca. Él se avergonzó y rojo de rabia aceleró el paso.

*

Ambiente húmedo y nublado. Escuchaba un podcast sobre Salman Rushdie y Los versos satánicos. Mientras esperaba el bus oía que fue amenazado de muerte un 14 de febrero de 1989. Su mujer de entonces, escritora también, tuvo que pasar meses con él en un piso escondido cuando antes de la fatua le había insinuado el divorciarse. Desde entonces solo fue conocida como la mujer de Salman Rushdie y no por sus propios libros…

Cuando llegó el autobús paró la reproducción, subió por la puerta de entrada y pasó el bonobús. Lo siguiente que recuerda es cómo en el podcast se describía el principio de la novela: dos hombres de origen indio descendían desde los 8000 metros tras explotar un avión; uno de ellos se transformará en el arcángel San Gabriel y el otro en un demonio…

*

Nimia recorría a pie la distancia hacia su cole; el calor de la mañana no era nada comparado con el de la vuelta.

Su botella de agua nunca la compartía.

Nimia apenas sabía leer o escribir, se le daban mejor las matemáticas. Siempre llegaba a casa a mediodía para comer con su madre y sus primos. Ese día tuvieron que comer sin ella. Luego su madre, alarmada por la espera, deshizo el camino hacia el colegio que seguía Nimia. 

Sólo pudo encontrar, casi oscureciendo, su botella de agua tirada en el camino; estaba envuelta en rodaduras de viejos jeeps, o vehículos similares…

*

Kenzo Mishima se levanta cuando oscurece. Lleva un diario en su ordenador con el título de «Gimnasia», y ahora tendrá unas 2000 páginas: «Yuan ha estado en Nueva York estas vacaciones. ¿Ha adelgazado desde sus últimas fotos o es por la ropa gruesa de invierno?».

Gran parte de sus comentarios en «Gimnasia» son sobre trivialidades con respecto a Yuan.

«Le he enviado un mensaje felicitándole el año y ella me ha contestado con un «Idem” y un corazón. Parece que ha olvidado mi desafortunado mensaje en el que criticaba su bañador este verano. Pensé que me iba a bloquear…»

*

Un viento frío rompía el sol de mediodía. La tierra agestre de aquel paraje sólo servía para almendros y olivares. No existía otra vida que el bar y el club cultural, cada uno en un extremo de una larga y angosta carretera, a cuyos dos lados se apiñaban casas blancas. Dicen que el primer habitante, allá por los inicios del siglo XX, no tenía más agua que la que llovía, escasa y difícil de conservar. Allí sus habitantes tienen la piel como el cuero curtido, apenas revistiendo sus huesos que sobresalen en toda su anatomía. En verano los alacranes salen en abatida como un ejército surgido del infierno, siempre en mitad del día, cuando el sol calcina el terreno e inflama la atmósfera. En invierno son los cuervos los que custodian la oscuridad, el viento y la helada, convirtiendo el pueblo en un escenario de Edgar Allan Poe. Ese invierno, como ya dijimos, un viento frío rompía el sol de mediodía. Carlos Cantero, el alcalde, cruzaba el paraje con una escopeta; tenía el objetivo de cazar un jabalí. Llegó hasta el Pinar Alto y siguió camino de la cima, o así lo explicó Miguel Moncada, un pastor que se lo cruzó a media tarde. Hablaron de los destrozos de las tormentas de la semana pasada, del fallecimiento del viejo Tomás Tornel. El alcalde desapareció aquella noche. Unos dicen que se cruzó con narcotraficantes bajando (había rumores de que por esos caminos se reunían para evitar miradas indiscretas) y por su carácter se lo tuvieron que limpiar. Otros hablan de deudas con gente peligrosa de la capital y que escapó por mediación de algún amigo. El caso es que Carlos Cantero no volvió a pisar aquel pueblo, salvo como espectro convocado por los niños, en esas noches en que las historias son un modo de resucitar muertos o desaparecidos…

*

A sus quince años, María Oliveira escribía poesía confesional. Uno de sus poemas trataba sobre los días de la regla e ibuprofeno, cigarrillos hurtados a mamá y los paseos a medianoche con la perrita Lucy por las calles anímicamente destructoras del centro… No era su mejor trabajo pero sí al que más «carne» ha concedido…

*

—Va respondiendo a la suspensión de la alimentación… Sólo suero… Menos dolor abdominal…

Una guardia de 48 horas es una esclavitud no reconocida: nadie puede diagnosticar con eficacia. El sueño se superpone a la realidad y todo termina pareciendo una fábula inconsistente, casi una fantasía, aunque haya largos descansos.

—Acabé por recetarle el doble cómo pedía y atajar su dolor… Estaba harto de discutir con ese yonqui… Sabía que como mucho estaría más somnoliento e inactivo, pero dejaría de dar por culo y molestar a todos…

*

En el vídeo se ve el interior de un Audi deportivo alcanzando los 220 Km/h, una noche, en un polígono. Las risas de los tres ocupantes son escandalosas. Luego quien porta el móvil enfoca al cristal trasero y se puede ver un BMW negro persiguiéndolos; en los laterales de la calle dos filas de gente aclamando a gritos a los conductores. Vuelve a enfocar hacia delante. El Audi frena ante una curva y luego por la ventana lateral se ve al BMW ponerse a su altura. Se escuchan insultos (“Hijos de puta”, “Culeros”, “Malparios”). Siguen alternándose las vistas del frontal y la ventana lateral del Audi, que vuelve a alcanzar los 223 Km/h sin despegarse del BMW. Así continuan durante una larga recta. La gente a los lados va abriéndose a medida que avanzan; los gritos son salvajes. De repente se cruza algo que es imposible definir (quizás un perro o un carricoche de juguete) y a los agudos alaridos le siguen una serie de golpes estruendosos y un final abrupto a negro. No hay en esos instantes imágenes traducibles o información sobre lo que de verdad termina ocurriendo…

*

Para:  desire.frias.general@gmail.com

De:  ricardo.martínez83@hotmail.com

«Hey, Desi:

Estoy aquí, de madrugada, con mi insomnio habitual, pensando en nuestro último encuentro: me asombra aún ese desafío en tus ojos cuando me despegaba de ti… No sé si satisfecha de tu elección o dolida por tu infidelidad… Esa ambigüedad me confunde…

Pero tengo claro por tu ausencia de respuestas en estos días de que no se volverá a repetir…  Así y todo me refugio en las series chorra de Netflix, la cerveza importada y el trabajo maquinal de cada día… O sea, que regreso a mi “natural mode”…. Cómo decía mi abuelo, que lo peor sea que alguien se olvide de ti… 

Pues eso, pretty girl… Mil besos y no me guardes rencor (si lo hay)…

PD: Putain!… No sé escribir despedidas románticas… ¿Se nota?»

*

El anciano Álvaro Prom tiene un volumen graso insano y sus hábitos (beber orujo, fumar tabaco negro) no ayudan en su intención de llegar vivo a mañana. Nieva y la noche es terriblemente helada y él se encuentra en mitad de un paraje rural y boscoso ingrato (pensad en una película de Bela Tarr). Su paso es lento, avanzando mediante balanceos y una respiración dificultosa, en el camino empinado de su granja hacia el pueblo. Los copos caen a millones, el suelo está congelado y apenas se ve algo entre la oscuridad nocturna. Quedan un par de kilómetros para llegar a la plaza donde queda la tienda de Joana. Los pesados pasos de Álvaro y su respiración cada vez más fatigada le obligan a parar en la cuesta. Al tomar aire tiene una repentina tos que cada vez es más fuerte. A los pocos segundos cae al suelo sin parar de toser. Luego la tos se convierte en un largo estertor rocoso que, poco a poco, se extingue y después nada. Todo queda en silencio. Álvaro, volcado en mitad del camino, es un bulto que apenas se distingue en la noche cerrada. El cuerpo de Álvaro Prom durmió aquella noche bajo el manto del invierno y un sueño febril en el que creía beber, comer y fumar en una fiesta improvisada en mitad de aquella ventisca.

*

Quiroga, como Johnny en la ficción, (como Charlie Parker en la realidad, a quien rinde homenaje Cortázar) es el auténtico ex-céntrico que elige los márgenes, aún a costa de su beneficio (urbanidad, salud, honores, finanzas) porque conoce su camino, la materia y la forma de su apuesta…

Leonor Fleming – Introducción a Cuentos de Horacio Quiroga.

*

En el último estadio del cáncer cerebral, con dolores de cabeza y vómitos constantes, el autor terminó sus días en el hospital. Apenas escribió algunos párrafos sueltos, pasando la mayor parte del tiempo con la mirada perdida frente al televisor de la habitación. En las pocas ocasiones que habló lo hizo con monosílabos. 

El día que murió sedado (el dolor era ya insoportable) puso antes sus últimos textos en un blog, se despidió de su familia e hizo la confesión de que ojalá nunca hubiera puesto un pie en este mundo. Tenía 47 años.

Etiquetas

Categorías

Deja un comentario

Wait, does the nav block sit on the footer for this theme? That's bold.

Explore the style variations available. Go to Styles > Browse styles.