Acónito

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(Antes de empezar te sugiero un brindis por las oscuras almas perdidas, seres truncados abocados al precipicio…)

 

Amaya Leida come en el lujoso restaurante Acuario. Son las 14:42 de un 27 de julio de 2017. En el plato quedan restos de tartar de atún rojo y algo de ensalada. Apura su copa de vino Vega Sicilia Valbuena número 5 del 2011. Amaya Leida tiene 27 años y es cirujana cardiovascular. Físicamente se la podría calificar de poseer un cuerpo bien proporcionado, altura por encima de la media y rasgos faciales suaves y atractivos. Su pelo largo con bucles dorados resalta una apariencia que intimida por su belleza.

Se prepara para salir cuando recibe un mensaje en su móvil. Después de una rápida lectura, aprieta los labios, se alisa su vestido negro y se conduce a la calle.

Juan Acosta sigue en un control policial junto a la avenida Floridablanca. Reúne paciencia mientras espera la segunda prueba de alcoholemia. En la primera dio 0’26 y podrían inmovilizar su coche si continua con la misma tasa.

A Deira el calor desmesurado la retiene en su cuarto del piso compartido. Deira estudia Bellas Artes y ha prolongado su estancia en la ciudad para descansar. Es jueves y los planes se reducen a ojear un foto-libro de Goya hasta que surja una mejor opción para pasar el tiempo. Sus compañeras dejaron el piso la semana pasada.

Juan Acosta ha dado 0’24 y ya puede reanudar su marcha libre de ser multado. Pone el climatizador al máximo y acelera su Audi A3 mirando con desprecio a los agentes. Amaya lo espera en la plaza del ayuntamiento.

Deira examina un retrato a página completa de «Saturno devorando a un hijo».

 

*

«Ayer soñé que caía una lluvia de fuego. Desconozco, si lo tiene, cual puede ser el significado de esta señal…

Desearía otro testigo (no tú) para esta… ¿Cómo llamarla?… Aproximación… Sí, así lo percibo, como una aproximación a mi intimidad… Pero confío en el distinto enfoque que aplicas a las cosas…

Te diré que ahora cuento con cierta complicidad en aquellas palabras que antes me faltaban y que la anterior postración que me invadía ha desaparecido… Creo que esto último guarda alguna relación contigo…

Al despertar ayer mañana, después del sueño que te he mencionado, me dirigí poseído por el estupor a la biblioteca de la facultad… Mis pies recorrían las calles a toda prisa, buscando escapar de una sensación similar a la que debe sentir una presa cuando es acechada por su verdugo… Me apartaba de los demás transeúntes con verdadero terror animal…

Al llegar conseguí encontrar un escritorio alejado del resto y me senté. Estaba empapado en un sudor frío… Traté de leer los apuntes que llevaba conmigo pero me fue imposible concentrarme… Estuve un largo rato observando al resto de estudiantes, atareados en el estudio… Decentes, inmóviles, implicados en una tramposa ganancia de futuro… Deseé una masacre repentina, al igual que las cometidas en Estados Unidos, con un fanático armado con rifle de asalto y munición suficiente para todos nosotros…

(No me tomes por loco… Reconoce que aquella disposición bovina requería algún tipo de sacrificio…)»

Extracto e-mail de Néstor [13 / 07 / 2017]

*

            Deira despierta. 17:50. Está completamente desnuda. Ahora nota cierto frío por el aire acondicionado. Consulta su móvil pero los únicos mensajes que tiene son frívolas ocurrencias de su grupo de clase. Observa su tatuaje, recientemente grabado, en su brazo derecho: un cisne negro ocupa su antebrazo de tez morena.

Amaya Leida fuma sentada en el salón. Juan Acosta se encuentra en su despacho, cerrando el diseño de un chalet para un cliente de Alcoy. La televisión tiene un volumen excesivo.

– Amaya, ¿puedes bajar el sonido? -grita Juan- No puedo trabajar así.

 

Amaya se toma su tiempo. En realidad no le interesa la absurda película proyectada. Está molesta por el cambio de planes e intenta, en vano, hacérselo saber.

Apaga el cigarrillo en el cenicero. Al lado un retrato de Juan en la Torre Eiffel. Más delgado y con el pelo largo, recuerda a un estudiante bohemio en su último año de universidad. Amaya piensa en el devenir hipócrita de aquel utópico individuo transmutado.

 

*

 

«No me reconozco en mis padres. Él embrutecido por un trabajo en la construcción, levantando paredes que nunca terminan. Ella sumisa y desconectada del exterior, opinando siempre fuera de contexto; una simplona maruja que limpia casas ajenas…

 

No me reconozco entre mis compañeros de clase. Motivados por la superficialidad de los estereotipos, por el concurso de las ocurrencias con más partidarios…»

 

Extracto e-mail de Néstor [15 / 07 /2017]

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            20:34. Deira, vestida con jeans cortos y camiseta blanca de tirantes, se dispone a salir. Ha quedado con una amiga en la plaza Santo Domingo y llega tarde. En su móvil hay mensajes recientes de Néstor que ha decidido ignorar.

Deira franquea la puerta principal y coincide en el pasillo con su vecina Amaya, que se dirige a casa después de comprar tabaco. El saludo es frío y casi inaudible. Deira se coloca unos auriculares y espera a que llegue el ascensor. Amaya Leida cierra la puerta con cierto desagrado.

 

*

            «Sé que todo puede deberse a la marihuana pero ha sido un bello caos el errar de esta tarde…

Bajo el sol abrasador, la ciudad brillaba saturada de luz…

Pasaba al lado de la gente y los veía sin piel, despellejados, con un manto carmesí, ensangrentados espíritus del fin del mundo…

Y todos los niños parecían reír como ángeles enloquecidos, hambrientos de impunidad frente a sus guardianes…

Y yo pensando en ti, ganando distancia al Tiempo, no dejando caer en mí su sombra…»

Extracto e-mail de Néstor [23 / 07 / 2017]

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            Amaya se ducha para, después de una interminable espera, salir a cenar. Juan Acosta se afeita en el mismo cuarto de baño, observando la estilizada figura de su novia. Aquello le excita y reprimir sus impulsos de cópula le gusta aún más.

Son las 22:10 cuando ambos salen del edificio. En la entrada, de espaldas a la pared, un extraño joven espera a alguien.
 

*

            «Cuando terminé de hacerte el amor, aquella noche en tu cuarto, una luna roja presidía la ciudad…»

 

Extracto e-mail de Néstor [19 / 07 / 2017]

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            Néstor, calado por el sudor, sigue a la espera de Deira. Ahora se ha situado en el portal de en frente, obligado a sentarse por el cansancio. Piensa en el menosprecio demostrado, en su insensibilidad, en la insignificancia de los momentos junto a ella. Deira aparece poco después. Su cara refleja la violencia del momento. Son las 00:23 y Néstor intuye la impotencia a la que va a ser sometido, de que nada de lo que se diga puede arreglar la situación. Acerca su mano al cuchillo que guarda en el pantalón. En ese momento un temblor sacude todo su cuerpo.

 

*

            «… Y ahora cada noche es como si la pasara muerto, sin sueños o pesadillas, ciego intervalo en el que saboreo la sangre metálica de una plaga nocturna que me amamanta…»

 

Extracto e-mail de Néstor [23 / 07 / 2017]

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            Amaya Leida insinúa obscenidades al oído de Juan Acosta cuando oyen el grito de agonía desde el final de la calle.

00:25

Al llegar a la entrada de su edificio, el cuerpo de Néstor tendido en el suelo, desangrándose. Deira permanece a unos metros, sentada en plena calzada, con sus brazos aprisionando sus rodillas. Repite (de modo casi ininteligible) que le dio el cuchillo y posteriormente trató de estrangularla, que no tuvo opción.

Amaya trata de parar la hemorragia que fluye de su arteria aorta. Juan Acosta se apresura en llamar a emergencias.

Néstor no dice nada en sus últimos momentos, solo parece describir con sus labios una mueca de burla. Sus ojos abiertos sondean el infinito.

A las 00:27 su corazón deja de latir.

 

*

            «¿Y si yo siguiera una canción excéntrica, ubicada fuera de los márgenes, a punto de estallar en carcajadas en medio de lo trágico o lo patético…?».

 

Extracto e-mail de Néstor [15 / 07 / 2017]

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