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“En esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos,
no hay más que un hacha amarilla
que afila el rencor.
Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón:
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos manos que se estrechan.
La consigna es el corte, el corte,
el corte,
el corte,
hasta llegar al polvo,
hasta llegar al átomo.”

El hacha – León Felipe (1884-1968)

“Roto el sueño, vaguemos por el mundo…”

Ernesto encogía su figura para alcanzar su móvil desde la cama. Después de un breve vistazo a los mensajes, coge sus auriculares también y los conecta. A la tarde que se filtra por la ventana la enrojece un eminente ocaso. Selecciona una canción de Fatboy Slim: Eat Sleep Rave Repeat. Desde Marte, en la cálida seguridad de su refugio, inicia la marcha…

En la portada de la revista XL los evangélicos entonan en multitud algún canto desconocido. “Parece que a Dios le agradan los coros y la danza contenida… ¿Será porque creen en Él como su principal espectador?”, piensa Ernesto. Pasa las primeras páginas a gran velocidad.

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XL // Edir Macedo exhorta a los sus acólitos desde el púlpito. Su megaiglesia de Sao Paulo es una réplica del templo de Salomón. Es el predicador más rico de toda Latinoamérica. ˆPróximo queda el día en que los evangélicos elijan un presidente de la República. Trabajará por nosotros y por nuestras iglesias. Llevará por fin el Evangelio a todas las naciones de la Tierraˆ, exclama. Podría parecer ridículo o propio de fanáticos, pero su influencia es mayor cada día. El 81 por ciento de los situados en este credo votó por Donald Trump en EEUU. En Colombia fueron 2 millones de evangélicos los que tumbaron la paz con las FARC. Pero su gran motor principal se sitúa en Brasil. La Iglesia Universal del Reino de Dios es un leviatán económico y religioso con unos 12 millones de filies repartidos por 200 países. Es ahora el continente pobre quien provee de pastores al pentacostalismo norteamericano, aquel que a inicios del siglo XX invadía con misioneros que predicaban entre indígenas y esclavos.

“Malditos lunáticos”, farfulla Ernesto. El alto volumen de la música no le deja oír las peticiones de entrada de su hermana. Finalmente abre la puerta y, en un tono histérico, le recrimina el no haber fregado los platos. Ernesto ni se inmuta. Poco después desaparece de su habitación con un portazo. “Seguro que tu novio no tenía ganas de mamadas esta tarde”. Ernesto prosigue con su lectura.

XL // En la era Reagan la Iglesia Católica, junto con su teología de la liberación, era un apoyo para los insurgentes latinoamericanos. Así que había que eliminar su foco de influencia a través de las congregaciones protestantes, aquellas cuya única revolución a profesar sería la espiritual.

Entre las páginas una modelo caucásica parece agitar sus brazos en un anuncio de lencería. “Buen contraste para tanta mojigatería”, piensa Ernesto. El tema Star 69 y su “What the fuck?” comienza en ese momento. La feliz coincidencia le hace reír. Pasa las páginas dejando atrás el reportaje.

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XL // ˆ¡A todos los que estáis metidos en las drogas, a vosotros, hijos de puta, os voy a matar!ˆ, palabras del presidente filipino Rodrigo Duterte. Su amenaza va corroborada por más de dos mil muertos hasta ahora.

La fotografía que se inserta al inicio del reportaje es cruenta y sórdida. Una bolsa de pruebas deja traslucir una Barbie con gotas de sangre y un reloj de Hello Kitty.

XL // La policía de Filipinas, bajo el manto de Duterte, proclama que son 40 los ejecutados cada día. El contenido de la foto es de una menor de Manila, acribillada por los paramilitares, amparados también por el presidente en su lucha contra el narcotráfico. Aparecieron con una motocicleta sin matrícula y ejecutaron a la menor y al posible camello, de 21 años. Posteriormente dejaron un cartel junto al cadáver donde se leía: usted era un traficante de drogas, usted era un animal. El crimen de la chica fue hablar con su amigo en ese preciso instante.

En la esquina derecha aparece una imagen del Castigador (Rodrigo Duterte) rodeado de periodistas. Los datos son: 71 años; estudió Arte y Derecho; una ex-esposa, una mujer con la que convive, dos novias de diferentes edades; aficionado a la Viagra.

XL // Su principal lucha contra traficantes y consumidores viene determinada por el shabu, una metanfetamina que por su elevado precio se distribuye en innumerables derivados.

Una llamada interrumpió a Ernesto. Pero no le dio tiempo a contestar. El emisor de la llamada era su primo Gabriel. “Se habrá equivocado. Jodido loco”. Se acercó a su mesilla y cogió un cigarro. Se lo encendió y prosiguió con la lectura.

XL // Lo más curioso en esta sórdida historia es que Filipinas no tiene un especial problema de drogas. Según la Oficina de Drogas de las Naciones Unidas el porcentaje de consumo es de 2,35. En EEUU alcanza el casi similar 2,20 y Australia lo supera con 2,90.

“Otro sinsentido más”. Ernesto comenzó a pensar que la revista solo concretaba un principio básico: la especie humana es una raza abocada a una fiesta absurda y macabra sin solución. Dejó la lectura y buscó shabu en Internet. Las contradicciones eran obvias. Por un lado se asociaba como estimulante 15 veces más potente que la cocaína, utilizada para los largos periodos laborales que tiene que afrontar la comunidad filipina. Por otro, era una droga alucinógena que provoca delirios y psicosis en mayor grado que el LSD. En una cosa si coincidían ambos reportajes: el deterioro grave del sistema nervioso. “Putos majaderos, siempre confundiendo las cosas… ¿Con qué me quedo?”. Ernesto volvió a Spotify y puso un tema de Underworld. Acabó su cigarro con un gesto desquiciado y pasó las páginas en busca de algo más alegre. Pero no lo encontró.

XL // La guerra en Ucrania continua: trincheras, intercambios de disparos, muertos.. Los despachos de Minsk donde se han firmado dos pactos de alto el fuego han sido inútiles.

Ernesto repara en una de las fotografías que encabeza el artículo. Un soldado unionista mira de perfil en un paisaje urbano arrasado. Se llama Awer y fue herido hace dos años. Después, contra las recomendaciones de su doctora que temía por su salud mental, se reincorporó. Antes de la guerra era diseñador gráfico y su sueldo como soldado, 8 veces la media nacional, es de 395 €. “Ya es suficiente… A otra cosa”. Ernesto dejó la revista a sus pies en la cama. Encendió otro cigarro y se quedó mirando por las cristaleras de su habitación. La noche había avanzado bastante. En sus aspiraciones inmediatas no mediaba otra cosa que o seguir estudiando para el examen de Lingüística o salir a tomarse un café con el primer amigo disponible. Unos segundos después pensó en Awer, el ucraniano. Se lo imaginó con una botella de vodka viendo caer los artefactos de mortero desde algún agujero medio derruido. Casi sintió la pestilencia, el amargo sabor de la botella, el hambre por las escasas raciones…

“¿Qué coño me hace distinto?… Un puto punto en el mapa, haber nacido en la hospitalaria Marte…”

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