Reclamación

La historia es así…

Adolfo Bonuelo, cuarenta y muchos, mi maloliente compañero de trabajo, no conoce ni practica el concepto ‘puntualidad’. El funcionariado, como la mayoría estima, tiene mala fama; pues es Adolfo B. el típico espécimen que confirma materialmente el prejuicio. Pero ¿qué sé yo? Soy nueva. Tres meses escasamente detrás de este mostrador. “Pipiola, pipiola… ¡Lo ingenuo que era yo al ingresar! ¡Las histerias que sufría!… Pero con mis consejos, suertuda, aprenderás rápido…”, proclama el orondo baboso al llegar (siempre dos horas tarde), clavando la mirada en mi escote.

Después de registrar el formulario del solicitante 47 (sin ánimo de cosificar, es la ley quién me prohíbe mencionar nombres; la sociopatía la reservo para mi ‘mentor’ Adolfo), disfruto de dieciséis minutos de almuerzo/cigarro/micción presurosa. Me incorporo con el número 51, que a su vez cede el turno al 50 porque, debido a ‘imprevistos informáticos’, no ha podido ser atendido por mi (ya desaparecido) vecino de mesa. Prosigo con la tarea en solitario hasta que,coincidiendo con el 85, reaparece Adolfo B.. Con los ojos medio entornados y apestando a cerveza, se sienta a tientas y con dificultad, bregando con su propio equilibrio. Bobaliconamente, durante un rato especialmente molesto, me sonríe mostrando su cataclismo dental. Se rasca, rabioso, su piojosa barba de mil días (día abajo, día arriba) y suelta un “bueeeno…” satisfecho y felizmente.

Creo que consiguió reiniciar el programa de gestión administrativa en el número 98, después de consultar las páginas marca.es, as.es, realmadrid.com, del carrusel deportivo, el larguero, tiempo de juego y el puto punto pelota. Alejando de mi proximidad cualquier posible arma eventual (bolígrafos, grapadoras o clips deformados), continué trabajando. Al llegar al 13X -potentes accesos de ira que experimentaba en esos momentos me impiden concretarlo- cerré la agónica jornada laboral. Me despedí entre dientes, dando la espalda, a las 15:02 horas. No obtuve respuesta. Misteriosamente, sin mostrar urgencia alguna, Adolfo B. se mantuvo en su puesto (quizás estaba sobando o -¡Dios, gracias!- sentado sin vida).

Finalmente supongo que esta reclamación -en perfecta consonancia con un día que se repite matemáticamente desde mi ingreso- será desestimada por ‘exagerada’, ‘grotesca’ y ‘ofensiva’. Pero no me importa demasiado; ningún médico me negará la baja psicológica por estrés. Y llegado el caso, dejando el civismo inculcado por mis padres, puedo seguir ese sueño tan recurrente y zanjar a cartuchazos este peculiar ‘expediente’ que, inmerecidamente, me ha tocado.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.